A lo largo del siglo pasado, las actividades humanas resultaron en un aumento dramático de la emisión de nitrógeno reactivo al medio ambiente. En particular, los diferentes avances tecnológicos han aumentado la introducción de nitrógeno reactivo al medio ambiente debido a su uso en la producción agrícola y ganadera, los procesos industriales, y las emisiones de nitrógeno reactivo a la atmósfera durante la producción de combustibles fósiles. A pesar de que estos aumentos resultaron en un mejor nivel de vida, también han causado impactos considerables sobre el medio ambiente y la salud humana. Los efectos de las emisiones de nitrógeno al medio ambiente son numerosos y existe evidencia de que las distintas actividades humanas perturban el ciclo natural del nitrógeno de manera importante. Al final, la mayoría del nitrógeno reactivo emitido a la atmósfera se depositará sobre la superficie de la Tierra, cerca de las fuentes y en áreas remotas, localizadas lejos de las actividades humanas, y esta es a menudo la fuente dominante de nitrógeno reactivo en sistemas con niveles limitados de nitrógeno. Una vez introducido en estos sistemas, el nitrógeno puede causar distintos impactos, de los cuales los que afectan a la biodiversidad están siendo causa de una creciente preocupación. La influencia del nitrógeno sobre cambios en la biodiversidad se ha estudiado en profundidad en Europa y los EEUU, con la mayoría de las investigaciones centrándose en cambios en la composición y diversidad de las especies vegetales. A escala global, está cada vez más claro que la deposición del nitrógeno juega un papel importante en la reducción de la biodiversidad de la mayoría de los ecosistemas (p.ej. ecosistemas terrestres, de agua dulce y marinos), junto con otros factores importantes como cambios en el uso de la tierra, el cambio climático y las especies invasoras en todos los biomas y regiones del mundo.
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